El otro día fui a tomar un café con Yerbabuena y otra amiguita igual de loquita (por no decirle putita tan pronto). Yo pedí mi habitual expreso, caliente y sin azúcar; y las niñas con sus gustos de colegialas, pidieron algo impronunciable, frío y muy dulce.Mientras traían nuestra orden, ellas comenzaron a charlar; y cuando eso pasa, es imposible que no hablen de sexo. A su corta edad ya conocen más hombres que sus propias madres, y casi todos mayores a ellas. A mí me gusta callar y escuchar.
En una de esas, la amiga putita le preguntó a Yerbabuena:
- Tú ¿qué les haces a los hombres para dejarlos tan adictos a ti? En mi experiencia, al principio me tratan como princesa, luego se les deforma la cara por la calentura, me cogen como pueden y se van.
Yo también tenía esa misma duda, pues conociendo las experiencias de Yerbabuena, eran pocos los hombres que no caían rendidos ante su magia, incluso después de haber disfrutado cabalmente de su cuerpo adolescente... es más, parecían más engatusados después de revolcarse, que antes.- Mmm... tienes que entregarte totalmente, demostrarle a tu hombre (de ocasión) que lo disfrutas, hazle sentir querido, deseado. - Improvisó Yerbabuena después de visualizarse a ella misma en la cama, supongo.
Yerbabuena no supo responder como nosotros hubiésemos querido. Imagino que lo suyo es un talento con el que simplemente se nace y se disfruta. Ya antes había escuchado que varios simios la buscaban cuando querían hacer algo especial y diferente a lo que se puede hacer normalmente con una niña de esa edad.
Cuando trajeron las bebidas, el pseudocafé de la amiga putita traía una cereza en la cima. Yerbabuena la tomó, le quitó el pequeño tallo y nos retó a ponerlo en nuestra boca y hacerle un nudo sin utilizar las manos. Ni la putita preadolescente, ni yo, pudimos hacerlo. Entonces Yerbabuena tomó el tallo con sus labios (directamente de los míos) y empezó con el movimiento etéreo de su boca. Yo aproveché la situación para apretar la pierna de la otra niña putita, fingiendo emoción y espectativa por el resultado.
Es por demás decir que Yerbabuena lo logró. Para mi gusto, ella hizo tres cosas al mismo tiempo: (1) le hizo un pinche nudo al tallo de la cereza; (2) contestó la pregunta que anteriormente le habíamos planteado; y (3) me extasió a mí y a su pequeña compañerita no menos puta que ella.
Nota final:La boquita de Yerbabuena es tan sólo una de sus muchas partecitas tiernas que sabe usar muy bien. Además de sus habilidades, le gusta ser muy complaciente con los demás, así que no dudo que más de un simio cuarentón haya podido viajar al hasta cielo y de regreso usando como único vehículo su pequeño cuerpo.




1 comentario:
Mmmm!
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