Este es un popular chiste pero me pudo, o me puede pasar a mí en cualquier momento.
Durante una visita que hice a un instituto psiquiátrico, como parte de un proyecto de la universidad, resultó que el director de dicho instituto era un viejo amigo de mi papá (más viejo que amigo, supongo). De haber sabido antes que entre ellos existió una fuerte rivalidad como producto de una mina, yo no le hubiera hecho tanta confianza.Durante el recorrido a las instalaciones del instituto, mientras nos trasladábamos de un pabellón a otro, se me ocurrió preguntar al director sobre el criterio que empleaban para definir si un paciente debería ser internado o no. En realidad su respuesta me importaba un pito, sólo le formulé la pregunta por hablar de algo mientras caminábamos.
-Mirá Octavio -me dijo. -Vos sabés que los avances tecnológicos han ayudado mucho en ese aspecto... ¡pero acá eso nos sale para el orto...! así que sencillamente hacemos la siguiente prueba: llenamos completamente una bañera, luego le ofrecemos al paciente una cucharita, una taza y un cubo; y le pedimos que vacíe la bañera. Y bueno... de la forma como vacíe la bañera, sabemos si hay que internarle o no. Bastante simple y hasta me queda tiempo para comerme a la nueva asistente, ¡una piba de 16 añitos que me tiene hecho un pelotudo, che!
-Ya veo -le dije. -Una persona normal usaría el cubo porque es más grande que la cucharita y la taza.
-¡No, che! -me dice el director. -Una persona normal sacaría el tapón… Octavio ¿vos qué preferís: una habitación con o sin vista al jardín?




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